25.2.03
Viernes 21 de Febrero de 2003 2:05:50 a.m.
Cómo no parecer forzada, cuando una idea ajena opaca la propia, quien no puede dejarse influir por la euforia, de otros tantos que elogian su inspiración. Casi siempre me dispongo a dormir hasta entrada la madrugada, después de haber acabado de enviciar mi subconsiente con toda aquella faramalla de artistas que suelen no sentir lo que dicen. No me cuesta nada reírme, carcajearme hasta dejar de respirar, pero es de madrugada, y sólo eso es lo que lo impide, aunque sé que mi paciente sonrisa aguardará hasta que se encuentre de mañana. Probablemente estoy cansada, de la tanta prisa que conlleva el ser joven, inmadura aún con el pañal, ¡ponte a trabajar!, no sé donde, ni que será lo mejor, pero necesito adquirir excentricidades, esas que nos hacen ser diferentes a los demás.